Producción • Nutrición Animal

Mejora en la conversión alimenticia en rumiantes: Un enfoque integral

 Para lograr un mejor rendimiento en la producción de carne, se debe evaluar en forma complementaria la salud ruminal, intestinal y hepática, así como controlar el estrés oxidativo. 

  • 05/03/2026 • 17:39
Fotos: Banco de imágenes

Por: Ing. Prof. Mg. Carlos Rodriguez, Gerente de I+D en BEDSON S.A.


La conversión alimenticia es uno de los principales indicadores de eficiencia en producción intensiva, incluyendo a los rumiantes, puesto que expresa cuántos kg de alimento son necesarios para producir 1 kg de carne. Mejorar este parámetro no depende solo de aumentar la carga energética del alimento, sino de optimizar la capacidad del animal por aprovechar esa fuente de energía. 

Aquí es donde juegan su papel tres factores fundamentales: salud ruminal, intestinal y hepática, y transversalmente a todas ellas, el control del estrés oxidativo resulta igualmente importante.

El rumen es el primer gran determinante de la conversión alimenticia. En este ecosistema microbiano, se producen ácidos grasos volátiles, que luego son precursores de glucosa. Y la acidosis subclínica, efecto que se da por la sobreproducción de esos ácidos, resulta en una primera limitante para la transformación química de la fibra en un material digerible. Además, el efecto de sobreproducción ácida produce daños en la pared ruminal con las consecuentes pérdidas energéticas. Como este es un efecto mediado por una microbiota bastante heterogénea, es posible inducirlo para lograr experimentalmente los mejores resultados, favoreciendo, por ejemplo, la proliferación de poblaciones microbianas menos dañinas, o modulando la calidad de la fuente energética.

Luego, el intestino también cumple un rol preponderante. Tal como ocurre con los monogástricos, mejorar el balance microbiano en su interior, como también la histología intestinal resulta fundamental. Es en el intestino donde, mayoritariamente, se absorben los nutrientes, y además es un órgano productor de defensas, a la vez de ser susceptible a enfermedades que condicionan severamente la ganancia productiva.

Para garantizar la salud intestinal, una de las posibles estrategias podría basarse en fortalecer la microbiota benéfica desde el inicio de la crianza, aprovechando la ventana inicial del rumiante en su faz monogástrica (primeros 150 días), introduciendo a la dieta prebióticos como la inulina, ya que, en etapas posteriores con el rumen establecido, la posibilidad de llegada de estas sustancias a la luz intestinal podría ser prácticamente nula. La inulina ha demostrado ser una sustancia muy eficaz en su propiedad de promover la microbiota benéfica intestinal en varias especies animales, ya que puede ser aprovechada por lactobacilos y bifidobacterias, pero no por enterobacterias, grupo en el cual normalmente encontramos a los patógenos intestinales.

Además, es crucial limitar la aparición de procesos inflamatorios intestinales, puesto que aumentos en la permeabilidad o disbiosis generan una respuesta inmune que consume energía y, por ende, desvía el uso de la energía consumida a hacerle frente a la agresión generada por los desbalances intestinales. Todo aquello puede prevenirse o disminuirse fortaleciendo la microbiota intestinal.

Por su parte, el hígado actúa como principal órgano metabólico y destino de los nutrientes absorbidos. En rumiantes en crianza intensiva, la carga metabólica que soporta el hígado es elevada, ya que interviene en la gluconeogénesis, metabolismo lipídico, y en la detoxificación y el reciclado de compuestos nitrogenados. Claramente, un hígado comprometido limita la eficiencia de la utilización energética, con la consecuente acumulación de grasa hepática y la disminución de la respuesta metabólica. Para la mejora en la salud hepática, ciertas sustancias conocidas ya por su uso en crianza animal intensiva de monogástricos se están investigando en su potencial para el uso en rumiantes, y es un campo de investigación y desarrollo enorme.

El estrés oxidativo, un factor que ha cobrado relevancia en el conocimiento de los investigadores, condiciona los tres órganos mencionados, ya que los radicales libres que genera, alteran la integridad celular a todo nivel, y frente a estos daños, parte de la energía ingerida por el animal se destina a repararlos. Mantener a raya el estrés oxidativo es sinónimo de buena salud, y buena salud está relacionado directamente a la mejora en la conversión alimenticia. Varias sustancias, como extractos vegetales ricos en polifenoles, vitaminas, y carotenoides, contribuyen a esta manutención bioquímica. La efectividad del impacto sobre el estrés oxidativo de cada uno de ellos debe ser investigada de manera particular. 

Hay suplementos específicos, como un soporte hepático a base de extracto de alcachofa o refuerzos para la inmunidad de los terneros recién nacidos. El objetivo es actuar en momentos críticos para que el animal procese mejor el alimento y resista el estrés. Son formulaciones con inmunoglobulinas específicas, Omega-3, prebióticos y complejos antioxidantes de alta biodisponibilidad, diseñadas para potenciar el vigor, estimular el apetito y fortalecer las defensas del ternero en su etapa más crítica.

Posteriormente, aditivos formulados con extracto de hojas de alcachofa (Cynara scolymus) y cloruro de colina protegida, se presentan como herramientas que favorecen el metabolismo lipídico y aportan propiedades antioxidantes, contribuyendo al equilibrio fisiológico y metabólico de los animales y a un mejor desempeño productivo.

En conclusión, mejorar la conversión alimenticia en rumiantes requiere de un abordaje integral, complementando la función ruminal, intestinal y hepática. No es el resultado del uso de un solo nutriente o aditivo, sino de un manejo coordinado donde intervienen múltiples variables que deben ser contempladas.

Optimizar cada uno de estos eslabones permite que el alimento consumido se traduzca más eficientemente en producción de carne, mejorando la rentabilidad y sustentabilidad de los sistemas ganaderos.